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21 de abril de 2015

Gomorra de Roberto Saviano


Roberto Saviano es narrador, testigo, protagonista, ensayista y a veces escritor.
¿Demasiada parafernalia publicitaria en torno a este libro?
Resulta difícil separar fondo de forma, méritos literarios de valor testimonial.
Empieza rompedor, con un capítulo dedicado a la mafia en la industria textil, para que nos olvidemos del lado mítico y tópico.
A pesar de todo, nos hemos aburrido.
Quitando algún capítulo más evocador, como el dedicado a Kaláshnikov o la reflexión sobre la influencia de Hollywood. Realidad y ficción siempre liándonos.

“Es así como se hace el bien, solo cuando puedes hacer el mal. Si en lugar de ello eres un fracasado, un payaso, uno que no hace nada, entonces solo puedes hacer el bien; pero eso es voluntariado, un bien de pacotilla. El auténtico bien es cuando eliges hacerlo porque también puedes hacer el mal”.

“Palabras frente a las hormigoneras y los fusiles. Y no de una manera metafórica, sino real. Allí, para denunciar, para testimoniar, para ser. La palabra con su única armadura: pronunciarse. Una palabra que es centinela, testimonio: verdadera a condición de no dejar jamás de señalar. Una palabra orientada en ese sentido solo puede eliminarse matando”.

“Las fotos de Nobel en los años posteriores a la elaboración de la dinamita (…) lo retratan trastornado por la inquietud, con los dedos atenazando la barba. (…) Kaláshnikov, en cambio, tiene siempre un aire sereno, de viejo pensionista ruso, con la cabeza llena de recuerdos (…). Creo que este es uno de los elementos que ha hecho convertirse al viejo general en involuntario icono de los clanes de todo el planeta. Mijaíl Kaláshnikov no es un traficante de armas, no interviene para nada en la mediación para comprar metralletas, no tiene influencia política, ni posee una personalidad carismática; pero lleva consigo el imperativo cotidiano del hombre en la época del mercado: haz lo que debas hacer para vencer; lo demás no importa”.

“cumplís decenas de años de cárcel para alcanzar un poder de muerte, para ganar montañas de dinero que invertir en casas que no habitaréis (…); comandáis un poder de muerte tratando de dominar una vida que consumís escondidos bajo tierra, rodeados de guardaespaldas. Asesináis y sois asesinados en una partida de ajedrez cuyo rey no sois vosotros (…) Ha llegado el momento de que dejemos de ser una Gomorra…” (Escrito del sacerdote Don Peppino Diana, asesinado).

Roberto Saviano
Gomorra
Barcelona, Mondadori, 2006


2 de abril de 2015

Clásicos


“Malito era entonces, como todos los pistoleros profesionales, un ávido lector de la página policial de los diarios, y esa era una de sus debilidades, porque el sensacionalismo primitivo que resurgía brutal ante cada nuevo crimen le hacía pensar que su cabeza no era tan extraña a la de los sádicos degenerados que se alucinan con los horrores y las catástrofes”.

Ricardo Piglia, Plata quemada

“Era aficionado a las películas de arte y ensayo que, al cabo de veinte minutos, consiguen que de puro aburrimiento vayas al lavabo y prefieras quedarte allí leyendo lo que hay escrito en puertas y paredes”.

David Safier, Maldito karma

31 de marzo de 2015

Comparaciones odiosas

“un mundo donde te movías como un caballo de ajedrez que se moviera como una torre que se moviera como un alfil”
Julio Cortázar, Rayuela

“aturdido por la piedad que se mezclaba con el miedo que se mezclaba con la rabia que se mezclaba con el cariño que se mezclaba con la tristeza cada vez que tenía que obligar a su hermano a hacer algo”

Almudena Grandes, Los aires difíciles