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24 de octubre de 2015

Una desolación de Yasmina Reza. Titulares


"De la agresividad a la nostalgia".

"Reflejo de una generación".

"Novela densa".

"Yasmina Reza intenta contestar a una pregunta: ¿cómo afrontar el final? ¿Cómo aceptar la muerte?"


16 de octubre de 2015

Balzac y la joven costurera china de Dai Sijie. Titulares

Como si de frases para tapas de bestsellers se tratase, aquí van algunos titulares:



"Totalmente prescindible"

"Pequeña joyita"

"Canto a la rebeldía (muy suave, eso sí)"

"Los protagonistas rescatan los libros y los libros los rescatan a ellos"

"Homenaje al poder de la palabra, escrita y oral"


22 de abril de 2015

El abismo del mundo de Lluc Berga Espart


Primer libro sobre el que hay unanimidad en el grupo. No sabemos qué extraño azar lo puso en nuestras vidas y por qué decidimos escogerlo entre todos los títulos de las bibliotecas españolas. El caso es que es un tocho de 704 páginas. Salvo una valiente (que casi llega a las 300), la mayoría lo abandonamos antes de la 40 (aunque casi lo dejo en la segunda al leer el nombre de Borges escrito en vano). Aún así, y corriendo un gran riesgo, nos atrevemos a opinar sin haber leído.

La contraportada dice:
“Yosahur, Edgar y Job abandonan su pueblo en busca de El abismo del mundo, ese lugar geométrico donde en la Antigüedad se creía que finalizaba la tierra. Aún ignoran que cada uno de ellos será perseguido por una obsesión proveniente de la infancia y que marcará el destino trágico de sus vidas.
Mientras recorren la Historia de la Humanidad, tres misterios se van entrelazando a lo largo de las páginas: un balancín, unos pergaminos indescifrables, una muchacha sin nombre ni pasado.
Una novela cuyo eje es la amistad, el amor y la libertad. Un viaje fascinante por el espacio-tiempo. Un relato épico y mítico donde los relojes siguen su propio curso, regidos por el atlas y el calendario anacrónico de la memoria y el alma”.

Corregimos (osadamente):
“Yosahur, Edgar y Job (tres personajes mal construidos que no despiertan en el lector ni un mínimo de curiosidad) abandonan su pueblo (un lugar fuera del tiempo y del espacio) en busca de El abismo del mundo, ese lugar geométrico donde en la Antigüedad se creía que finalizaba la tierra. Aún ignoran que cada uno de ellos será perseguido por una obsesión proveniente de la infancia y que marcará el destino trágico de sus vidas (mientras tanto el lector ignora muchas cosas y conoce al detalle otras que le interesarán más bien poco).
Mientras recorren la Historia de la Humanidad (o la historia de la humanidad los recorre a ellos), tres misterios se van entrelazando a lo largo de las páginas: un balancín (el valor simbólico y misterioso del balancín no requiere más comentarios), unos pergaminos indescifrables (mal descritos, insulsos, olvidables), una muchacha sin nombre ni pasado (la típica muchacha sin nombre ni pasado, en la línea del balancín misterioso).
Una novela cuyo eje es la amistad, el amor y la libertad (hablar de ejes es excesivo cuando no hay estructura ni estilo). Un viaje fascinante (mareante, sin rumbo, confuso, aburrido) por el espacio-tiempo. Un relato épico y mítico (totalmente plano, sin vida) donde los relojes siguen su propio curso, regidos por el atlas y el calendario anacrónico de la memoria y el alma”.

Desde la primera página, con esta descripción interminable:


falla todo: protagonistas infantiles, falta de ritmo, lenguaje recargado y vacío, ambiente confuso… El lector nunca sabe dónde está ni cuándo (y muy pronto dejará de importarle). 

Dos avisos: 1. Sabemos que algunos de estos "fallos" pueden convertirse en virtudes en otros libros, pero no aquí. 2. Que conste que somos un grupo muy variado y bastante optimista, que hemos conseguido sacar virtudes de otros tochos considerables. No es el caso. 

Apelando a nuestra responsabilidad de lectores, quedáis avisados.

Lluc Berga Espart
El abismo del mundo
Barcelona, Hijos del Hule, 2004




21 de abril de 2015

Gomorra de Roberto Saviano


Roberto Saviano es narrador, testigo, protagonista, ensayista y a veces escritor.
¿Demasiada parafernalia publicitaria en torno a este libro?
Resulta difícil separar fondo de forma, méritos literarios de valor testimonial.
Empieza rompedor, con un capítulo dedicado a la mafia en la industria textil, para que nos olvidemos del lado mítico y tópico.
A pesar de todo, nos hemos aburrido.
Quitando algún capítulo más evocador, como el dedicado a Kaláshnikov o la reflexión sobre la influencia de Hollywood. Realidad y ficción siempre liándonos.

“Es así como se hace el bien, solo cuando puedes hacer el mal. Si en lugar de ello eres un fracasado, un payaso, uno que no hace nada, entonces solo puedes hacer el bien; pero eso es voluntariado, un bien de pacotilla. El auténtico bien es cuando eliges hacerlo porque también puedes hacer el mal”.

“Palabras frente a las hormigoneras y los fusiles. Y no de una manera metafórica, sino real. Allí, para denunciar, para testimoniar, para ser. La palabra con su única armadura: pronunciarse. Una palabra que es centinela, testimonio: verdadera a condición de no dejar jamás de señalar. Una palabra orientada en ese sentido solo puede eliminarse matando”.

“Las fotos de Nobel en los años posteriores a la elaboración de la dinamita (…) lo retratan trastornado por la inquietud, con los dedos atenazando la barba. (…) Kaláshnikov, en cambio, tiene siempre un aire sereno, de viejo pensionista ruso, con la cabeza llena de recuerdos (…). Creo que este es uno de los elementos que ha hecho convertirse al viejo general en involuntario icono de los clanes de todo el planeta. Mijaíl Kaláshnikov no es un traficante de armas, no interviene para nada en la mediación para comprar metralletas, no tiene influencia política, ni posee una personalidad carismática; pero lleva consigo el imperativo cotidiano del hombre en la época del mercado: haz lo que debas hacer para vencer; lo demás no importa”.

“cumplís decenas de años de cárcel para alcanzar un poder de muerte, para ganar montañas de dinero que invertir en casas que no habitaréis (…); comandáis un poder de muerte tratando de dominar una vida que consumís escondidos bajo tierra, rodeados de guardaespaldas. Asesináis y sois asesinados en una partida de ajedrez cuyo rey no sois vosotros (…) Ha llegado el momento de que dejemos de ser una Gomorra…” (Escrito del sacerdote Don Peppino Diana, asesinado).

Roberto Saviano
Gomorra
Barcelona, Mondadori, 2006


20 de octubre de 2014

Miguel Delibes: Señora de rojo sobre fondo gris



Resumen de la reunión del CLUB DE LECTURA.

Desde el principio se habló de amor, el amor que rezuman estas páginas y que poco a poco va trazando la figura de una mujer idealizada.
El texto se mueve entre las etiquetas de homenaje póstumo y catarsis personal. El artista tiene la virtud de poder expresar mejor que nadie todo aquello que quedó por decir. Pintor y escritor son uno solo, porque nos quedamos totalmente con la interpretación autobiográfica de la obra, diga lo que diga Delibes (ya sabemos que una vez que el libro se despega de su autor, es el lector quien tiene la última palabra).
Se señaló también el acierto de un título tan plástico y tan acorde con la novela.
Comentamos la elección del monólogo como modo narrativo a pesar de existir un interlocutor claro, la hija recién salida de la cárcel. Son detalles: la cárcel, la tortura, Franco, la adicción al alcohol, que quedan simplemente apuntados para desvanecerse. Esta superficialidad es quizá un modo de selección orientado a primar lo positivo.
Novela corta pero intensa, que para algunos se hizo larga en los pasajes que describen la enfermedad y el deterioro de la protagonista. 

Y la nota al pie la pone Tomás, a propósito de la enfermedad y a propósito de la estética:
El pasado viernes se comentaron las connotaciones que podía tener la presencia de pelo o no en la cabeza, según los distintos usos sociales de cada época.
Yo recordaba haber leído sobre el tema, pero, con la fragilidad de la memoria, no estaba seguro.
Por tanto, y con la facilidad que suponen las publicaciones electrónicas, he localizado el pasaje que transcribo a continuación:
«Se besaban llamándose hermanos y amigos y un instante después se golpeaban tratándose de cerdos y de castrados. Las mujeres se quitaban impúdicamente las pelucas y dejaban que los hombres les acariciasen los cráneos desnudos, porque desde que las mujeres ricas y nobles han empezado a afeitarse la cabeza no hay caricia tan excitante para el hombre. Algunos hombres se acercaron a Nefernefernefer, pero ella los rechazó con ambas manos, y yo les pisaba los dedos de los pies cuando insistían, sin fijarme en su rango ni condición, pues estaban todos borrachos».
Se trata de un párrafo de la parte 5 del libro tercero de Sinuhé, el egipcio de Mika Waltari.

Miguel Delibes
Señora de rojo sobre fondo gris
Barcelona, RBA, 1993