27 de octubre de 2014

Señora de gris sobre fondo gris



"que el hecho de haber pintado mil cuadros
no significaba que pudiera pintar mil uno. 
Que ésa era la cruel servidumbre del artista"


No sé si se puede decir en alto, pero Delibes me aburre.
Su pulcritud, sus adjetivos demasiado pensados, sus “empero”, que basta que aparezcan en una esquinita de la página para transmitir tufillo rancio a todo el libro.
No veo amor en su señora de rojo. Veo un ejercicio de estilo construido en torno a un gran tópico literario: el artista y la mujer a su lado. Lo adorna un poco con superficialidades: unos hijos, una cárcel, la muerte de un dictador; detalles que no llegan a trama, que molestan un poco y pronto se olvidan.
Un monólogo de Delibes para Delibes, demasiado perfecto y demasiado lineal para enganchar como monólogo. A través de estas páginas me siento avanzando hacia la nada, hacia la pura descripción, echado de menos una razón para seguir leyendo


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